lunes, 27 de abril de 2009

Toda la tristeza de un cuerpo se encuentra en la mirada.

Ahí estaba yo, con un par de ojos filosos i vacíos. De un verde escondido qe ocultaban mui bien la pálida tristeza qe llevaban. Sin embargo, eran como un par de estrellas: brillantes i profundamente sin encontrar.
He caminado por el infierno en la tierra: el abismo, aqel qe esta lleno de mis sombras. Escondo ahí mi peor faceta: mi demonio. Enfrentarme a mi demonio no era nada fácil, mirarme a mi misma i aceptar qe a diario me sentía rota por dentro, aceptar qe llevo una mochila llena de recuerdos, imposibles de olvidar. Como si llevara una tormenta dentro mío qe jamas cesaría,
no podía, ni qería aceptarlo.
El olvido era un suicidio para mi. Porque llevaba los recuerdos escritos en mi piel, esos escritos qe habían intentado matar lo qe llevaba adentro. Pero ahí estaban: dibujados, entrelazados, imborrables. Soi un peqeño mundo desastroso, mi frágil cuerpo esta tan gastado i lleno de lágrimas.
Mi alma se encontraba saturada de tristeza inexplicable, i a veces sin razón. Mi mente era recorrida por miles de pensamientos imparables, i entonces solo sentía ganas de huir: de correr tanto como a mis pies les fuera posible. De huir, sin dirección, sin un rumbo fijo. Correr hacia mi libertad, correr hasta convertirme en aire. Sólo escaparle al miedo qe había paralizado mi vida i había logrado qe la muerte me resultara romántica.
Porque con el correr de los días me olvide de qe color era mi risa, i me convertí en una mujer oscuramente bella. Qe ya no sonreía, i qe en su pecho se desbordaba un enorme vacío. Era algo allí qe ardía tanto hasta qemarme.
Un diluvio de emociones, eso soi. Un goteo de sentimientos constantes qe me sacuden el alma, hasta parecen qebrarme
Soi una delirante qe se encontraba entre la realidad i la fantasía, qe me había perdido demasiado profundo para volver. Una soñadora, qe ansiaba desesperadamente encontrar mi libertad.
Yo no estoi muerta. Sólo estoi viviendo en mi cabeza-